Abandonar el egoísmo es el mayor logro.
Controlarse a si mismo es el mayor valor.
Buscar servir a los demás es la mayor cualidad.
Estar atento continuamente es el mejor precepto.
Ver la carencia de existencia inherente en todo, es la mejor medicina.
La mejor de las acciones es no estar conforme con las costumbres mundanas.
Transformar las pasiones es la mejor magia.
El desapego es la mayor generosidad.
Una mente pacífica es la mayor bondad.
La mayor paciencia es la humildad.
El mayor de los esfuerzos no espera recompensa alguna.
Una mente que sabe soltar es la mejor meditación.
La mayor sabiduría es ver a través de las apariencias.

- Lama Atisha

viernes, 20 de mayo de 2011

La muerte

Todo en esta vida es una ilusión. La muerte también lo es.
La muerte es solo un estado de transito, todos estamos en la vida que es como una estación de autobuses, unos se suben antes otros después, pero todos nos subimos al autobús.
Dios dijo:

¿Cuál es la mayor ganancia?
¿Cuál es la mayor pérdida?
¿Qué armadura es invulnerable?
¿Cuál es la mejor arma?
Buda respondió:

La mayor ganancia es dar a los demás;
la mayor pérdida es recibir sin gratitud;
una armadura invulnerable es la paciencia;
la mejor arma es la sabiduría.
El budismo ve nuestras vidas en el contexto del universo… nuestras vidas han existido siempre de una forma u otra, siguiendo un ciclo interminable de nacimiento y muerte, decadencia y renovación que lo rige todo. Así pues, la filosofía budista anticipa casi tres mil años las leyes de la conservación de la energía y la materia, que afirman que ni la energía ni la materia se pierden nunca, sino que cambian de forma.
Todas las cosas que se manifiestan físicamente en la vida se recluyen en un estado de espera tras su extinción o muerte.
La flor de cerezo no es visible en invierno, está ahí, aletargada, esperando a florecer cuando se den las condiciones necesarias (primavera). Lo mismo ocurre con nuestras vidas.
Según la visión budista, la vida es eterna. Se cree que atraviesa sucesivas encarnaciones, así que la muerte no se considera tanto el cese de una existencia como el principio de una nueva.
Para los budistas el fenómeno de la trasmigración es obvio, tal como lo fue para los indios, quienes le dieron el nombre de Samsara en sánscrito
La muerte es necesaria. Como morimos, podemos apreciar la maravilla de la vida.